Es muy complejo de romper y, en caso de rotura, se fragmenta en pequeños trozos redondeados y menos peligrosos en lugar de generar fragmentos afilados. Esto reduce el riesgo de lesiones en comparación con otros tipos de vidrio. Se utiliza en puertas, ventanas, particiones, mamparas de ducha, barandillas y otras aplicaciones arquitectónicas, donde hay un mayor riesgo de impacto o rotura accidental.
Puede soportar cambios bruscos de temperatura sin romperse, lo que lo hace adecuado para aplicaciones en las que se requiere una mayor resistencia al calor, como hornos, estufas y chimeneas.